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La necrópolis megalítica del Collado de las Llaves fue descubierta, en los años 80 del pasado siglo, por D.
Gonzalo Gómez Casares, si bien el menhir de la misma no fue descubierto hasta 2002, por D. J.M. Salas Orzaez. Se ubica sobre la divisoria del Valle de Peñarrubia y la Costa Cantábrica, en un paso natural entre las comarcas litorales y las regiones interiores de la cabecera del Nansa y Liébana.
Esta estratégica posición, y la idoneidad de este collado para el desarrollo de la ganadería de montaña propició, que ya desde la Prehistoria, este lugar fuera frecuentado por el hombre.
Durante el Neolítico y primeras fases del Calcolítico, el Collado de Llaves fue ocupado por pastores, los cuales construyeron aquí hasta 6 túmulos y dólmenes e izaron un menhir. En los túmulos, estas gentes enterraron a sus muertos, mientras que el menhir pudo cumplir una función de referencia en el paisaje, en relación con este monumento megalítico.
La dimensiones de los dólmenes son variables, oscilando entre los 2 y los 10 m. de diámetro. En todos los casos, y fruto de la violaciones registradas en el pasado por “buscadores de tesoros” (que destruyeron en buena medida estos elementos), son observables los ortostatos que conformaban las cámaras nichos sepulcrales. Una gran laja, que seguramente constituía la cubierta de las mismas aparece desplazada, generalmente a un lado del túmulo.
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